La desconcertante confesión

En una de esas casi interminables reuniones, donde el Jukenbu saca los gags más bizarros y atiborrados con palabrería hilarante.

Nos encontrábamos Kachacuas, el Borre y un servido platicando sobre las “chamarreandas” (las chaquetas, la jalada de pescuezo, la chambrita, etc.), recordando entre otras cosas, a quien fue dedicada la primera chamarreada, quien fue la fémina que tubo el honor de adornar el momento de autosatisfacían más reciente.

Entre tantos temas, Kachacuas recuerda una anécdota por demás divertida, en una de esas situaciones en donde su mano ya se mueve más por costumbre que por placer, dice textualmente:

-“En aquel momento no tenia a nadie a quien dedicarle esa chaira, pensé rápido y me dije: ¿Quién será la afortunada? Pues ni modo, pensé en Lolita Ayala (…)

-No me juzguen, en ese momento no tenia a ninguna vieja a quien dedicarle y Lolita Ayala fue la primera que me paso por la mente, además ¿han visto su cutis? Es tan terso”.

(Acto seguido de risas incontrolables)

Juzgue usted, pero no cabe duda que cuando las prisas te agarran… Pobre Loltita ¿algún día será consiente de que su imagen aun sirve para la autosatisfacían de ciertos jóvenes? Esperemos que no.



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